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LUZ
DE OAXACA /Rodolfo Balzarotti
Oaxaca, con su sugestivo nombre precolombino,
es una bellísima ciudad de estilo colonial,
ubicada en el homónimo estado del cual
es capital, en el sur oeste de México,
no muy lejos de la costa del Pacífico,
en el punto de encuentro de tres valles –
Etla, Zaachila y Tlacolula, nombres que indican
otros sitios monumentales de cultura Zapoteca
y Mixteca. Asimismo, ricos son los testimonios
de la primera colonización española,
con las misiones dominicanas diseminadas en toda
el área.
El centro histórico de Oaxaca es uno de
los más bellos de todo México y
es uno de los destinos turísticos más
renombrados del país. Aún así,
una belleza y un valor histórico conservados
únicamente para el turismo serían
poca cosa, si no existieran lugares capaces de
transformar la tradición y la belleza en
una conciencia cultural viviente. Uno de estos
lugares es la Galería Arte de Oaxaca, ubicada
en el corazón del centro histórico,
en un viejo edificio del ‘700. Al cruzar
el umbral, nos encontramos ante un elegante patio,
alrededor de cual se desarrollan las salas de
la galería en tres niveles. De inmediato,
el visitador percibe una atmósfera familiar,
un clima de cordialidad y de gran profesionalidad
al mismo tiempo, sobre todo por lo que respecta
al adorno, lleno de luz que valorizar las obras
expuestas. Este conjunto testimonia, más
que una gestión empresarial eficiente,
un profundo amor por el artista y su obra.
Si examinamos el catálogo de la galería,
nos percatamos de que la elección de los
autores nace en primer lugar de una estima profunda,
no casual por los autores y su trabajo. Cualquier
europeo que quiera tener una idea no superficial
de la sensibilidad y del alma de México
de hoy y de siempre así como de la cultura
oaxaqueña en especial, aquí tiene
la posibilidad de encontrar su destilado precioso.
Galería Arte de Oaxaca no sólo es
un lugar en donde también los grandes artistas
locales y nacionales encuentran hospitalidad,
sino también es “tierra de cultivo”
que sin duda ha favorecido, como veremos, el crecimiento
y el desarrollo de jóvenes talentos.
Cabe destacar que Oaxaca es uno de los centros
de producción artística de México
más importantes, sobre todo gracias a la
escuela creada en este lugar por el gran talento
de Rufino Tamayo, indiscutible maestro protagonista
del arte mexicano de la posguerra, que supo dialogar
no como subalterno sino como comprimario con los
artistas norteamericanos de su generación,
y que contribuyó mucho a la renovación
del lenguaje del arte internacional.
En especial, otro nombre excelente de la pintura
oaxaqueña relacionado con la galería
es el de Rodolfo Morales, artista que falleció
hace no mucho tiempo, cuyas obras se encuentran
por todo México. Él pudo crear una
continuación entre las generaciones de
la segunda guerra mundial de forma absolutamente
original. Su arte, de estilo figurativo y a veces
monumental, tiene un carácter onírico
y épico que remite al tesoro de las memorias
comunes de la gente de Oaxaca. Sin duda, la relación
con Morales representó un momento crucial
en la historia de la galería, que él
compartió sobre todo a través de
su dedicación al estudio, a la conservación
y valorización del patrimonio tradicional
de la región de Oaxaca. Tras el fallecimiento
del maestro, al cual está dedicada una
sala de exposiciones permanente de la galería,
se constituyó una Fundación que
promueve este patrimonio a través de la
restauración de importantes monumentos
del pasado colonial y precolonial.
Sin embargo, si consideramos a otro artista eminente
de la galería, Francisco Toledo, que nació
en 1947, encontramos la misma actitud, el mismo
espíritu, la misma preocupación
por establecer una continuación entre pasado
y presente, una exigencia de reconstruir el tejido
de la tradición y de renovarlo. Este artista
también se distinguió por haber
fundado instituciones para la recuperación
del patrimonio cultural, entre ellos una biblioteca
para los no videntes y un centro de fotografía
y una fonoteca que enriquecen el panorama cultural
de la ciudad de Oaxaca. Su arte, que sobresale
en la litografía y en la incisión,
tiene un corte fuertemente expresionista, con
cierto matiz de humor negro.
En cambio, Abelardo López, más
joven que él de diez años, egresado
de la escuela fundada por Tamayo, ha dedicado
su obra al paisaje mexicano que él sabe
evocar con imágenes límpidas, esenciales
y solemnes, con cromatismos de una luminosidad
gloriosa. Diría el artista “algo
no visto sino inventado”, en donde la palabra
“inventar” tiene el sentido originario
de "descubrir", "encontrar"
algo más allá de la apariencia normal
de las cosas.
Rolando Rojas es el más joven de la generación
del grupo. Se trata de un artista que inventó
un repertorio original de formas biomorfas, entre
el hombre y el animal, capaces de evocar mitos
y leyendas del mundo de su infancia impregnada
de cultura zapoteca.
Amador Montes es un nuevo artista, aún
más joven, promovido por la galería.
En efecto, Montes es casi un pintor autodidacta.
Recibió su formación en el campo
de la gráfica, pero supo desarrollar su
extraordinario manejo del trazo y su natural elegancia
caligráfica hasta llegar a construir un
mundo pictórico de gran encanto y belleza,
juntando el trazo gráfico muy elaborado
con amplias extensiones de pigmentos de colores
luminosos que él llena de señas
a través de la incisión. Pese a
las grandes dimensiones de sus obras, él
nos presenta imágenes encantadoras y preciosas
que recuerdan la pintura de Paul Klee en algunos
aspectos. Su universo imaginario es poblado de
insectos-símbolos, figuras emblemáticas
en las cuales es probable que el joven artista
se identifique, como para dar objetividad a su
genio pictórico. Es posible que por eso
la galería haya decidido apostar por este
talento muy joven y emprender otra empresa de
gran valor y calidad, la bellísima monografía
Amador Montes, artífice oaxaqueño.
Es una obra de la que nos gusta hablar, no sólo
por sus méritos intrínsecos sino
también porque nos da la posibilidad de
mencionar la actividad editorial de la galería
y la actividad expositiva (que incluye también
una colección de libros para la infancia,
demostración de su profunda sensibilidad
educativa). La publicación, llevada a cabo
enteramente por la dirección y los recursos
de la galería, es un ejemplo de cómo
se puedan valorizar a los artistas con amor y
dedicación. En efecto, no se trata de una
monografía de arte común y corriente,
acompañada por una introducción
crítica y un catálogo de las obras.
Más bien, el libro es una continuación,
una especie de caja de resonancia de la obra de
Amador Montes. Teniendo en cuenta la íntima
naturaleza gráfica de su talento, que se
sirve del lienzo como si fuera una página
para escribir palabras, trozos de frases o textos
enteros, me parece que este libro sea una especie
de código de miniatura. Sus páginas
se configuran como una obra de arte independiente,
estudiada atentamente en su forma, en los equilibrios
entre espacios blancos, textos e imágenes
reproducidas e incluso con la organización
de las páginas que siguen y que preceden.
Lo más importante es que las imágenes
de Montes – micro-macrocosmos de insectos
estelares, están acompañadas por
dos series de textos: prosas, cuentos, historias
de Abelardo Gómez Sánchez y poesías
de Araceli Mancilla. Sin ninguna relación
directa o explícita con las imágenes,
la palabra logra construir alrededor de las imágenes
lo que podría definirse una caja de resonancia,
una amplificación que introduce al lector
en un espacio estereoscópico, hecho no
sólo de forma, color, señas y trazos,
sino también de tiempo y memoria.
Arte de Oaxaca es entonces mucho más que
una galería, es un verdadero lugar cultural.
En efecto, en el texto de presentación
que encontramos en el sitio de Internet se puede
leer: “Arte de Oaxaca se ha esforzado, durante
más de cuatro lustros, en develar las diversas
expresiones del arte oaxaqueño, realizando
una labor incansable de búsqueda, descubrimiento,
impulso y proyección de destacados artistas
cuya obra es ahora universal, logrando una verdadera
identificación de importantes valores de
las artes visuales oaxaqueñas, quienes
muestran al mundo, nuestro pueblo y nuestra cultura
desde su narrativa visual. Nuestra misión
es conseguir que la mirada de la humanidad vire
hacia esta fuente de expresión del espíritu
de Oaxaca, cuya riqueza rebasa los límites
de la conciencia”.
Ahora bien, cabe mencionar una última
cosa. Última pero no menos importante.
Una empresa cultural de esta envergadura, es decir,
una empresa que tiene un alma, sólo puede
surgir de una iniciativa personal, de una voluntad
y de una pasión que tienen un rostro, una
mirada y una voz precisos. Este rostro, esta mirada,
esta voz, son el rostro y la voz de Dora Luz Martínez
Vasconcelos, presidenta de la galería que
fundó la galería desde hace más
de veinte años. En muchos años,
pese a varias dificultades e incluso recientemente
en circunstancias particularmente trágicas
y dramáticas, Dora Luz supo ser guía
auténtico promoviendo las actividades y
fomentando las relaciones personales. ¿Entonces
cómo pudo Dora Luz crear una obra tan única?
¿Qué podemos aprender de su ejemplo?
Sin duda podríamos hablar de su talento
empresarial así como de su extraordinaria
capacidad en las relaciones públicas. Sin
embargo, creo que su obra nos enseña mucho
más.
La iniciativa humana, económica, social
de esta empresa reside en su contenido: la belleza.
La belleza, aun en un mundo marcado por desequilibrios
dramáticos y tensiones políticas,
incluso violentas, sobre todo como las mexicanas
y oaxaqueñas, no es un lujo. Antes que
nada, la belleza no está relacionada con
la estética, sino con una virtud esencial
para la sobrevivencia y el desarrollo de una sociedad:
la esperanza. En medio de los eventos dramáticos
de la guerrilla urbana que han atormentado la
ciudad por varios meses en el 2006, me llamó
mucho la atención que la galería
haya usado como palabra de orden la “belleza”,
organizando una serie de conferencias y manifestaciones
sobre este tema. No era una forma de evasión,
sino el supremo, “revolucionario”
desafío para abrazar una esperanza sin
fanatismos y violencias. Gracias Dora Luz.
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